Adriano Corrales Arias
Costa Rica
EL ARTE EN LA PLAZA O EN LA CALLE
El proyecto artístico “Feria de Ulises”
Adriano Corrales Arias
A MANERA DE INTRODUCCIÓN:
El arte, además de ser el medio de comunicación más lúcido y sensible que poseemos, es variedad, ruptura, aventura, innovación. Sin embargo, a nivel de recepción, en los últimos cincuenta años, al menos en occidente, la “tradición de la ruptura” - como la denominara Octavio Paz - ha arrinconado las artes visuales en museos, galerías especializadas o colecciones privadas, alejándolas del gran público que no ve con buenos ojos al arte contemporáneo, sea porque no lo “entiende”, o porque poco sabe acerca de él. Esa situación ha provocado la comercialización descarnada y la vertiginosa frivolidad del mismo arte, privilegiando la mercadotecnia y la publicidad alrededor de dudosas reputaciones y de producciones sospechosamente mediocres.
Por supuesto, no estamos en contra de la comercialización de la obra artística: el artista necesita vivir de su trabajo y para ello precisa de una forma determinada de distribución de su “producto”. Lo que tratamos de decir es que muchas veces se comercializan obras y nombres que no necesariamente alcanzan los precios y las posiciones en subastas y colecciones, si nos atenemos a su valor estético. Por el contrario, muchos artistas que no logran insertarse en los circuitos de galerías, publicaciones y subastas internacionales, y a pesar de que realizan una obra innovadora con lenguaje propio, se quedan fuera del mercado por razones extraartísticas.
Justamente por esa razón, una de las tareas primordiales, tanto del artista como de los profesionales que se mueven alrededor de la producción de obras de arte, sean críticos, curadores, galeristas, marchantes, etc. , debe ser la creación y desarrollo de vías alternativas para convertir al arte en un medio de comunicación más accesible. Por lo demás, en la especializada y posmoderna comercialización del arte, se han instalado demasiadas personas, instituciones, y “empresas” mediadoras entre el artista y el público. Muchos coleccionistas y compradores de arte vienen, desde hace bastante tiempo, tratando de hacer su trabajo sin la presencia de intermediarios.
Lo anterior es importante explicarlo para comprender la relevancia de una de las actividades “artísticas” más importantes de los últimos años en Costa Rica. Me refiero a la, así conocida popularmente, “Feria de Arte de Ulises”, bautizada ya oficialmente como “Festival de Arte al Aire Libre”. Con inusitada sorpresa hemos observado años tras año, desde su primera edición en 1996, como ha crecido la propuesta de Ulises Castillo, galerista y organizador del evento, quien se considera a sí mismo como un “marquetero” y no como galerista, ya que inició su negocio dando el servicio de enmarcado para pinturas y cuadros de todo tipo. Dicha propuesta consiste precisamente en sacar el arte fuera de las galerías y los talleres de los artistas, para “exponerlo” y promocionarlo en la calle, propiciando la venta directa entre artista y comprador.
DEL CAÑO A LA PLAZA:
La feria inició cuando Ulises Castillo convenció a los vecinos de la calle donde tiene instalada su marquetería, en San Pedro de Montes de Oca, San José, para que, una vez al año, durante el mes de noviembre, le permitiesen cerrar el tránsito e instalar toldos en la misma, con el fin de invitar a algunos artistas, 35 en total en su primera fase, a exponer y vender directamente sus trabajos durante tres días, con el ánimo de probar “un concepto diferente, compartir el arte con la gente que ordinariamente no va a las galerías y los museos” (Semanario Universidad, No.1551 /2003. p. 15). Por eso para Castillo el Festival nació “más en el caño que en la calle” (Ibíd.). La propuesta se llevó a cabo el primer año con un éxito rotundo y los años subsiguientes creció tanto que hubo de abandonar la calle.
Para el año 2002 la “Feria de Ulises” aumentó en tal proporción que probó en instalarla en una plaza de deportes en Escazú, con tan buen suceso, que para el mes de diciembre dio el salto definitivo y organizó la ya, para ese momento, multitudinaria feria en la Plaza Roosevelt de San Pedro de Montes de Oca. Así, de la calle de su galería, Ulises pasó a organizar dos inmensas ferias en el este y oeste de la ciudad capital. Dos ferias que crecieron inusitadamente. La de San Pedro es la más consolidada, no solo por el espacio (10 mil metros cuadrados), la gran participación de artistas y galerías, y por la afluencia de público y los altos índices de las ventas, sino porque en la última feria se abrieron otras alternativas como circo callejero y de malabaristas, así como teatro todas las noches, bien combinado con música y recitales de poetas y cantautores nacionales. Este año contará con 120 puestos de arte distribuidos entre artistas y galeristas, con la característica de ser ya una feria internacional, pues participan artistas procedentes de países tales como Cuba, Guatemala, Estados Unidos, Venezuela, Nicaragua, España, entre otros, convirtiéndose de esa manera en el “Primer Festival Internacional de Arte al Aire Libre”. Pero además, ya el señor Castillo ha sido invitado para que “traslade” su festival, o parte de él, a ciudades como Panamá y Washington, a esta última mediante un convenio con la OEA.
UN EJEMPLO GENUINO DE MERCADEO ARTÍSTICO:
Lo más asombroso de este proyecto es que haya sido una persona como Ulises Castillo, quien con tesón, humildad, y una enorme capacidad de comunicación, lograra, en tan corto tiempo, que su feria se convierta, sin ninguna discusión, en un momento y espacio ineludibles para pintores, escultores, grabadores, artistas en general, así como coleccionistas, compradores y gran público, en la agenda anual de la cultura de San José y de todo el país, y ahora de Centroamérica y de más allá. Ese asombro pasa por saber que Castillo no es un profesional en comercialización del arte (profesional en el sentido “académico” e institucional, pues su trabajo debe leerse como el producto de una persona más que “profesional”), ni tampoco un galerista especializado. Es, en cambio, un conocedor empírico del mercado nacional del arte y de las necesidades de sus productores en términos de la circulación de su trabajo. Por eso su logro es singular y extraordinario. Un logro contundente y sin duda más que exitoso si se toma en cuenta que ni las instituciones oficiales tales como el mismo Ministerio de Cultura, los museos, las universidades, o la empresa privada, han logrado organizar un evento de tanta envergadura. En cambio Ulises Castillo, prácticamente de la nada, se ha consolidado, gracias a su incansable trabajo comunicacional y organizativo, como el mayor promotor de arte en el país.
Esta “Feria de Ulises”, hoy convertida en “Festival Internacional de Arte al Aire Libre”, debe servir de ejemplo y de punto de referencia, para quienes laboran en el complejo campo de la producción, distribución y recepción artística. Es un fenómeno genuino de promoción con escasos recursos y sin grandes aspavientos, pero con una voluntad y un tino organizativo pocas veces vistos. En ese sentido es importante señalar que el festival se autofinancia con las cuotas que cancelan los participantes de acuerdo al espacio que ocupen durante el evento. Para el año pasado dicha cuota fue de 100.000 colones por un puesto de 3 por 5 metros. Con esa cuota por participación el organizador debe garantizar la instalación de toldos, el servicio de luz eléctrica y la seguridad del festival, además de instalar servicios tales como restaurante y tarimas para espectáculos (durante los cinco días que dura el evento, hay funciones de teatro, conciertos musicales, circo, recitales de poesía, y además se imparten diversos talleres artísticos) con el fin de convocar más público. Según el señor Castillo eso alcanza apenas para la organización, pues los gastos de inversión son muy altos, y como él no concibe al festival como una actividad lucrativa, sino participativa y promocional, debe acudir a patrocinadores de la empresa privada quienes sostienen en mucho los egresos.
COLOFÓN:
Debemos tomarle la palabra a este emprendedor “marquetero”, quien, sin poses y sin exclusiones, ha creado y desarrollado la muestra de arte más popular y reconocida del país y de Centroamérica. Es una feria/festival donde los amantes del arte pueden conocer de primera mano lo que se ha venido haciendo en el arte costarricense, centroamericano e internacional, y de paso comprar, a precios asequibles, la obra de su artista favorito. Para los estudiosos del mercado artístico nacional, centroamericano e internacional, este festival se convierte en un verdadero laboratorio donde se manifiesta con una fuerza inusitada, el ritmo de la oferta y la demanda en un espacio donde productores y compradores tienen la posibilidad de “mercadear” directamente sus mercancías. Hace falta, claro está (y esa no ha sido la intención de este artículo exploratorio), investigar en profundidad sobre la rentabilidad para participantes y organizadores, la cual según el señor Castillo es, hasta ahora, favorecedora para los primeros.
Tal vez la única observación crítica que cabe hacerle a este impresionante evento artístico, es que, dada la gran cantidad de participantes, ya va siendo hora de que se inicie un proceso de curaduría y una distribución por secciones para otras expresiones tales como la artesanía artística, el diseño industrial, de muebles, joyería, y otras. Por lo demás, sería interesante privilegiar la participación de artistas y grupos de creadores organizados, ante las grandes galerías, pues las segundas tienen la posibilidad de vender obra de diversos artistas durante todo el año. En todo caso, el organizador, como autoridad responsable, y por lo tanto absolutamente respetable, es quien tiene la última palabra.
San José, Costa Rica, noviembre del 2003.
BIBLIOGRAFÍA:
Entrevistas realizadas por el autor al señor Ulises Castillo para un artículo de la revista Matérika (Enero 2003), y para corroborar datos (Noviembre, 2003).
Murillo, Mariana. “El arte sale de su encierro”. Semanario Universidad No. 1551, Universidad de Costa Rica, San José, 2003, p. 15.
Paz, Octavio. El arco y la lira. Seix Barral, Barcelona, 1991.
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